"Para qué acudir a Londres cuando se vive a dos horas de ella aunque se suponga que es en su corazón donde habitamos, cuando se trabaja a dos horas de Londres en una dirección diferente del centro y de nuestra vivienda, cuando el cansancio nubla los pensamientos al regresar del trabajo, de las horribles madrugadas, de las calles húmedas, oscuras a esas horas, cuando los autobuses de dos plantas dejan de sorprender, cuando no se espera nada de la comida, del olor a desinfectante que señala en los pasillos del hospital la huella del turno de limpieza nocturna, del color indeterminado de los muros del hospital, del acento ronco que mantiene el espñol del turno de limpieza de su planta, ¿tu eres español?, y te mira torciendo la cabeza, en un gesto quizá ensayado, duro, y te dice yes, del café aguado, del té que estriñe, del maldito idioma que cuando empieza una a controlarlo se da cuenta de que no tiene idea, sorry, could you repeat?, please, hay que decir please, si no eres maleducada, rude, pero en España, o sea, Spain, no decimos por favor continuamente, somos maleducados en España, y a veces la gente no te entiende por la calle cuando le preguntas por una dirección, el idioma que creías controlar, de las reuniones con españoles, italianos, colombianos, de las conversaciones de siempre, si tú decías que ibas a integrarte, y le dices al español, porque ya sabes que es español, te lo confirmó una compañera, le dices al español del turno de limpieza de tu planta si le apetece tomarse un café, ¿eh?, ¿nos tomamos un café?, venga, te invito, vaya horas para trabajar, ¿eh?, no son horas ni de salir si de entrar, y él, con un cigarro en la boca, compone un gesto de actor de cine negro, impávido, hasta que dice no, I´m really tired y se va, de subir las escaleras, del olor de la habitación triste de las enfermeras, de los rostros adustos, secos, de la extrema corrección de los médicos, de las mentiras que llenan las postales que envías, postales con la fotografía un millón de veces reproducida de una cuidad que queda lejos, al otro lado de los gruesos muros, de los ventanales de doble vidrio de este hospital, al otro lado del frío, del libro de gramática inglesa que guardas en el bolso para repasar en el autobús, un autobús alto que te aleja de la calle, la calle abajo, negra, mojada, del cielo gris, de la no risa, porque Laura descubre que ése es el gran síntoma, la no risa, el no tener si quiera la oportunidad de hacer reír, el pasar los días sin pena ni gloria.
Sola."
Pablo Aranda, Ucrania.
3 comentarios:
Wow...
es realmente guay.
Me gusta cómo escribe. Tenías razón, frases interminables. Me gusta mucho esta descripción de Londres.
La no risa.
Nous te read.
We're a few, but we're here.
We like reading you.
Mich rien comprendre, mais la photo est somptuosse!!!
Murlichcorico
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